1/10/09

Despertar

Miré la luna en la noche de ayer, fue pesado verla ahí, tan brillante, tan cerca de ser completa, y yo allí acostado dentro de mi cuarto, con los pies en la pared, con la cabeza en el aire, con la ventana dando luz al suelo, con la luna dando luz al suelo. Estaba ahí, acostado en la cama, invertido, con los pies en la pared, estaba ahí, acostado mientras mi cerebro derramaba licor con colorante verde y originaba una rivera que inundaba cada mosaico de mi habitación.

Música fuerte, fuerte, rápida y veloz, fugazmente corría al rededor de mi cuerpo reposado en un sueño que nunca fue y en una imaginación que nunca sería, mi mente deliraba entre los alaridos de un león herido, entre los gritos de un leopardo suelto a la selva, domesticado por una prostituta de mente infinitamente estúpida. La gente en mi vida se iban derritiendo uno a uno, lentamente van perdiendo sus voces y se quedan inmóviles en un pedestal de oro con insignias marginadoras en un lugar que nunca fue y nunca será.

La gente se va liquidamente por la rivera verde mientras el león fuma viendo a la prostituta pudrirse en sus aposentos y mientras tanto, lejos de todo eso, estaba una deidad gritandome por despertar y no morir ahogado entre lo que ha salido de mi mismo, por causal vecino inmigrante.


Y luego llega a mi mente frita y revuelta y ranchera y cocida como un huevo la idea de un viajero intrépido que logró sofocar cada neurona en un mar de violencia, me obliga a odiar algo para ser amado, me obliga a castigar cada dedo de mi cuerpo, contando cada cosa por odiar para ser amado: es un nuevo estilo de tortura inspirado con ideas de la Santa Inquisición.

Entonces miré la luna nuevamente, y la luna me sonrió, me susurró en el oído palabras mágicas de anhelo y lucha, en el oído, entró odio, en el oído salió cariño. ZIG ZAG. Pero luego miré para buscar la Música poderosa y una vez que volví hacia la luna, me dí cuenta que no era la luna que todos aman, si no una pordiosera guerrera venenosa.

Entonces me dí cuenta que nada vale la pena estar en un lugar con riveras verdes de ése tipo, y por fin después de tanto dolor desperté de un sueño en la vida real, con ayuda de mi única compañera y aliada en éste mundo de pretensiones y apariencias: La Música. Si, la Música pudo sacarme de la hipnosis de una rivera verde llena de cuentos mágicos donde el villano siempre gana, me levanto con sus brazos limpios y transparentes, pude despertar de un sueño en la vida real.

No hay comentarios:

Publicar un comentario